Solari resiste a sus pulsos en una agónica victoria en el Villamarín

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Solari resiste a sus pulsos en una agónica victoria en el Villamarín

El técnico cambia de sistema, con tres centrales, y domina para después sufrir en la segunda mitad. Ceballos anotó de falta el gol del triunfo

Hay un Solari antes y después del Villamarín, un lugar en el que se conjugaban situaciones adversas, demasiadas, a las que respondió como lo hace un entrenador, con intervencionismo y decisiones, por irreverentes que resultaran. Ver al Madrid defender parece pecado, pero nada lo es por sobrevivir.

Parece una obviedad, porque es su trabajo, pero en el Madrid es a menudo difícil percibir la mano del técnico, por debajo de los grandes personalismos, desde los futbolistas hasta el presidente. Isco es uno de ellos, ante el que el argentino ha echado un pulso que no deja heridos, sólo muertos. Será uno de los dos, pero para eso queda tiempo, habladurías y mucha tinta. Vayamos, pues, al fútbol, que por una vez permite explicar al equipo de los intangibles desde lo tangible. [1-2: Narración y estadística]

Solari empezó por cambiar el sistema y optó por tres centrales como base de un 3-5-2, que se transformaba en un 5-3-2 en fase defensiva. Volvió a un 4-4-2 cuando lo necesitó, en el momento más sufriente por la crecida del Betis, con la fortuna de que el hombre elegido para el cambio cerró la victoria. Ceballos, el hijo pródigo de Triana, ajustició a quienes lleva en su corazón. El fútbol siempre tan literario.

La razón del cambio de sistema no estaba en lo defensivo, sino en lo ofensivo, porque Solari pretendía elevar la presión al máximo sobre la salida de balón del Betis, donde un robo es medio gol, porque para Quique Setién es innegociable. Se diría, incluso, que es algo obsesivo, y todo lo obsesivo puede conducir en algún momento al absurdo. Durante fases del primer tiempo, el Betis llegó a tener el 70% de posesión de balón, sin peligro alguno.

Con Reguilón es más fácil conseguir ese despliegue físico en la presión que pretendía el entrenador que con Marcelo, lejos de la forma idónea. Caravajal, por su parte, es capaz de todo. El lateral es para el Madrid como una dinamo. Solari añadió, además, músculo, con la posición de Valverde junto a Casemiro, un cinturón que permitió liberar a Modric y dar un paso adelante. Desde ese lugar disparó tras un rechace de la defensa para marcar y lo volvió a intentar durante el primer tiempo. El croata no lo había logrado en lo que va de temporada, algo que no hablaba bien de la optimización de la plantilla, porque un centrocampista con gol, como el croata, como el ausente Kroos o como Ceballos, es un tesoro.

Mejora del Betis con Joaquín

El gol, temprano, abonó el dibujo del entrenador, ya que el Madrid se sintió cómodo en la variante defensiva de su sistema, mucho, frente a un Betis que no pasaba del guitarreo. Mejoró en la segunda mitad, apoyado en Canales, Lo Celso y Joaquín, más responsable en su otoño que en su primavera como futbolista. No le acompañan las fuerzas de antes, pero le quedan regates de gol, como las medias verónicas de un viejo torero. Genio y figura.

Bien replegado, en una situación poco habitual en el Madrid, inicialmente se sintieron cómodos los jugadores de Solari, muy rápidos en las salidas a la contra. Están en su naturaleza. Vinicius fue el enlace en buena parte de ellas, con conducción o cambios de orientación, según fuera necesario. En la mejor, habilitó a Valverde, que llegó ante Pau López pero optó por lo más genial y lo más difícil: un taconazo para que Benzema marcara sin oposición. Lo mismo hizo Guti para Zidane. Eran otros tiempos y otros jugadores. Los actuales están para otras cosas, para resistir, de momento.

Setién tenía que hacer algo, insistir en la profundidad que les había faltado a los suyos. Necesitaba decisión, intensidad, desborde y remate. El primero que lo ofreció fue un centrocampista, Guardado, con una volea durísima que salió ligeramente fuera. Era la primera señal de que el Betis habitaba ya en otro lugar. Los mediapuntas que hasta entonces merodeaban, como Lo Celso o Canales, empezaron a herir a la defensa del Madrid y de su conexión llegó el empate. Hernández Hernández lo anuló, pero rectificó por decisión del VAR en una jugada más para el debate. Son días duros para la tecnología.

Secado en los medios, ya sin salida a la contra y sin su intérprete principal en el área contraria, Benzema, con un dedo roto, Solari vio que necesitaba cambios para evitar lo peor. Cristo salió por las circunstancias, Ceballos para evitar el dominio de William Carvalho, y Brahim porque ya es cualquiera menos Isco. Está claro. En medio del acoso, una falta era una oportunidad para respirar. Ceballos pidió permiso al capitán y la convirtió en algo más, en un premio para un Madrid de circunstancias y, por un día, de entrenador.

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