El Peque pasa por su mejor momento

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El Peque pasa por su mejor momento

Aquel lunes, Diego Schwartzman sintió que se le hundía el mundo. Ese primer día del Abierto de los Estados Unidos, el 31 de agosto pasado, el argentino sintió tanta angustia interna que ni tuvo ánimo para enojarse. Nueva York, una ciudad que generalmente lo había energizado, esta vez lo había expulsado demasiado pronto. La derrota ante el británico Cameron Norrie, en cinco sets y, encima, después de haber ganado los dos primeros parciales, lo había herido. Al rato de su traspié en el court 5 de Flushing Meadows, las cámaras lo tomaron en una de las suites del Arthur Ashe que recibieron los preclasificados [el Peque era el 9°]. Con el torso desnudo y una mano en la cabeza, mirando sin mirar hacia la cancha, rodeado por un par de botellas de agua y con las zapatillas arriba de la mesa en la que estaba apoyado, Diego no hallaba explicaciones. Aturdido.

Treinta días después, el mismo Schwartzman no puede ocultar la sonrisa. Disfruta de haber alcanzado, por segunda vez en su carrera, los cuartos de final de Roland Garros. Arribó a esa instancia, además, sin perder sets. Y con el fresco recuerdo del Foro Itálico, donde dejó altísima la vara: jugando una final de Master y venciendo a Rafa Nadal. Tiene mucha jerarquía, Diego. Está cerca de ingresar en el Top 10. Mira hacia adelante, el Peque; también hacia atrás. “Esa imagen de Nueva York, que me poncharon, fue dura, pero era la realidad de ese momento. Estaba frustrado, sentí que con todo lo que había entrenado y hecho me había pasado un poco de rosca, que me había hecho demasiadas expectativas de volver a jugar en un Grand Slam y en un torneo en el que generalmente solía jugar muy bien. En aquel partido [vs. Norrie] había estado dos sets a cero, hacía varios años que no perdía en primera ronda de un torneo así. Fue un golpe durísimo”, le respondió Schwartzman, a LA NACION, durante una rueda de prensa virtual, después de derrotar al italiano Lorenzo Sonego (46°) por 6-1, 6-3 y 6-4, en 1h58m.

El día después de la frustración en la primera ronda del torneo neoyorquino siguió siendo una pesadilla para el Peque. Le costó reponerse. “Al día siguiente estuve muy golpeado, pero al otro nos sentamos con Juan [Chela, su coach] y Marti [Orazi, su preparador físico], y corregimos todo lo que había que corregir, donde yo no me sentía cómodo. Era una situación nueva para todos, en una pandemia, con muchos meses sin jugar y quizás en mi afán de prepararnos bien nos pasamos de rosca. Bajamos un poco el ritmo de los entrenamientos, nos concentramos en agarrar ritmo de partidos y ahora se ve, y lo siento en mi cuerpo, todo lo que trabajé en la pandemia. Puedo jugar a tres sets, a cuatro, a cinco y siento como si nada estuviera pasando. Entonces, hay momentos en los que el cuerpo no va, pero lo bueno es irse a la cama tranquilo porque hiciste todo, sentarse con tu equipo y tratar de mejorar”, explicó el noveno argentino en alcanzar los cuartos de final en París en múltiples ocasiones, después de Guillermo Vilas (9 veces); Guillermo Cañas y Juan Martín del Potro (3); Chela, José Luis Clerc, Guillermo Coria, David Nalbandian y Enrique Morea (2).

Dominic Thiem, el austríaco de explosivo revés de una mano, reciente campeón del US Open, será el próximo rival de Schwartzman. Son amigos y se conocen bien. Se enfrentaron ocho veces (ganó seis el europeo). “Le gané a Rafa en Roma con esta confianza, así que espero que sea suficiente para ganarle a Thiem. Demostré que puedo ganarle al mejor de la historia en polvo de ladrillo. Ojalá que tenga ese nivel en la próxima ronda. Son rivales distintos. La forma de jugar y la táctica no será la misma que usé contra Rafa, pero en cuanto a nivel, sí. Tengo que estar arriba”, añoró Schwartzman, el pequeño gigante de piernas veloces con capacidad para detectar los problemas y solucionarlos.

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