Nadal da importancia a su mentalidad

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Nadal da importancia a su mentalidad

Rafael Nadal ha hecho balance de un año que, terminando siendo uno de los mejores años de su carrera (dos Grand Slams, número 1, Copa Davis, y otra final de Grand Slam), comenzó de una manera muy complicado. Lesión tras lesión, el balear cayó mentalmente y sólo en Barcelona, en el Conde de Godó, como le ha contado al diario AS, pudo comenzar a ver la luz y a darse la oportunidad que sin duda aprovechó en Roma para despegar definitivamente.

Balance de un año muy bueno pero nada fácil. «La temporada fue fantástica en todos los sentidos y con diferentes tramos. Viví muchas cosas, algunas enormemente positivas y otras sin duda duras. Por suerte, hubo un momento concreto en el que cogí una dinámica buena y ya no la solté. Pero no puedo olvidar lo que pasó en el primer mes. Venía de un 2018 tenísticamente muy bueno, pero muy complicado a nivel físico. Sólo terminé siete torneos con muy buenos resultados. Acabé como número dos del mundo y todo quedó en menos. A principios de 2019 me tuve que bajar de Brisbane, por una rotura en el cuádriceps. Son cosas que se olvidan, sí, pero en ese momento te van quemando interiormente. Llegué a Melbourne con dudas, aunque jugué bastante bien excepto en la final. Me sentía bien, pero en Acapulco noté un dolor en la muñeca y sólo pude entrenarme un día antes de empezar. Otro golpe. Perdí con Kyrgios, competí y no gané. El tratamiento me fue bien, aunque en Indian Wells no logré jugar las semifinales por un dolor en la rodilla. Ese fue el momento más duro del año, porque venía de muy malas temporadas de lesiones.»

Un pozo mental del que le costó salir. «La preparación para la temporada de arcilla fue corta y difícil. Estaba cansado y desmoralizado. Pasé unas semanas malas en casa, tanto física como mentalmente. De hecho, antes de viajar a Montecarlo dejé de entrenarme a ver si mis ideas se refrescaban. Allí no lo hice tan mal, salvo en semifinales, que fue un desastre. Y llegó Barcelona. Gracias a la ayuda de la familia y del equipo, y de su opinión, seguí adelante, aunque en el Godó les pedí que me dejaran una noche solo en mi habitación tras vencer con sufrimiento a Mayer, y fue cuando vi que tenía que darme una oportunidad. Salí a la pista contra David Ferrer y pensé que tenía que cambiar el chip, valorar cada mejora y aceptar lo que pasaba, al menos hasta París. Empecé a ir cada día a mejor. En Barcelona acabé bien, aunque me venció Thiem, y en Madrid luché contra Tsitsipas. Sentí que de cabeza estaba mejor y me fui para Roma con la sensación de que había estado muy mal, pero, aun así, cerca de mi objetivo. Con todo lo que pasó, había jugado tres semifinales seguidas. En Roma el cambio fue muy importante, comencé a competir a un nivel muy alto. Y en París me vi listo. A partir de ahí, uno gana o pierde, claro, pero desde aquel segundo día en Barcelona hasta Abu Dhabi pude disfrutar de la temporada».

Lo que más destaca Rafa del año y de toda esa situación. «La decisión de querer intentarlo, de esforzarme cada día para conseguirlo. Aceptar los malos momentos, el mal juego, que las cosas no salgan y mantenerme positivo. Fue un trabajo mental duro, sobre todo por los objetivos tan altos en los que me muevo. Eso, a nivel mental. A nivel tenístico, supe adaptarme a las circunstancias y con la ayuda del equipo modifiqué algunas cosas. Terminé jugando de una manera mucho más agresiva. Con el servicio di un paso adelante durante todo el año. Fuimos firmes en la idea de jugar con más agresividad e intentar orientar mi tenis hacía algo diferente.»

La mejora tenística, enfocada en el saque y en la agresividad. «Creo que el primer saque lo mejoré mucho, aunque es verdad que si el segundo lo haces bien, eso te da confianza para conectar el otro. El trabajo decisivo fue en el cambio de gesto. En el pasado tuve buenos números con segundos, especialmente cuando jugaba mucho más en tierra, aunque nunca los había hecho tan rápidos como este 2019 y con esa sensación de que el próximo tiro no tendría que ser de defensa, sino ofensivo. Logré cosas importantes con el saque, lo perdí pocas veces en Bercy, en Londres y en la Copa Davis.»

Las nuevas generaciones, cada vez más cerca. «Claro que lo hay y es normal que ese ruido cada día sea más fuerte, porque nosotros cada vez somos mayores y ellos, mejores. Son buenos y mejoran año a año. Creo que deberían aspirar a ganar los torneos más importantes, como ya hicieron en 2019 Medvedev, Tsitsipas o Thiiem. Pienso que Shapovalov va a dar un salto de calidad y que la progresión de Sinner es increíble. Es una realidad: están ya aquí.»

Y por supuesto, superar a Federer, una opción… ¿real?. «Puede ser, pero lo lógico es que no. Yo sigo con mi forma de entender mi carrera. Hago mi camino, porque uno no puede estar siempre frustrado y con una ambición desmedida. La ambición es buena, sí, pero siempre que sea sana, porque si no genera infelicidad. Cuando uno hace todo lo que puede no está obligado a dar más. Quiero hacerlo lo mejor que pueda para que cuando termine la temporada pueda decir que me he esforzado para que las cosas salgan de la mejor manera posible. Si no es así, es que no he sido lo suficientemente bueno. Estoy muy contento de estar en esta situación y ojalá pueda seguir dándome oportunidades de lograr cosas importantes.»

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